Brasília

Nicolas Behr

Comencemos de lo alto, por la torre de TV, la vista espectacular de la ciudad que un día ha sido una idea.”

La ciudad se despega del suelo y levanta vuelo. Ciudad alada, construida para la admiración del cielo. Aquí vamos nosotros, para decifrarte. Comencemos de lo alto, por la torre de TV, la vista espectacular de la ciudad que un día ha sido una idea. Allí debajo, la feria, personas, intercambios, miradas. Recuerdos de Brasilia. En la dirección de la Plaza de los Três Poderes luego avistamos una fuente, luminosa, líquida. Humedad en el aire. Después, más miradas, piernas apresuradas. Quien llega y quien va para la ciudad satelite pasa por aqui. Punto de encuentro. Motores. Eje contra eje. Terminal de Brasilia. Obra genial de Lucio Costa. A nuestra frente: mucho verde, extensos jardines, palacios y monumentos. La Biblioteca Nacional y el Museo de la República. El genio de Niemeyer por todas partes. Curvas y sombras en la ciudad luz. Inquieta arquitectura. Líneas rectas, innovadoras. La Catedral, obra prima del maestro, manos orando. Que Dios perdone tanta belleza y osadia. Entramos. Rezar es admirarte. Volvemos.

Vista aérea do complexo arquitetônico de BrasíliaEl tunel es oscuro, pasajes. Los evangelistas en bronce y fe nos obserban. Taciturnos. Avistamos los Ministerios, preparados, burocráticos, en fila. Secuencia lógica y racional. Los ángulos de los árboles se esconden verdeciendo las líneas rectas. Llegamos al Pálacio dos Arcos (Palacio de los Arcos). De los jardines de Burle Marx. De la escultura Meteoro. Palacio del Itamaraty que el agua sustenta. Levedad. Del lado opuesto, Palacio de Justicia. Más agua en canales derramando cascadas.

Llegamos al centro, al ápice, a la médula. Cerebro de las deciciones nacionales. Plaza de todos los Poderes. Plaza mayor. Cambio de la bandera, mástil. Panteón de la Pátria. Palacio del Planalto, Congreso Nacional. La llama de la Patria. Museo modernista a cielo abierto. Después cerrado1 abierto. Después de los árboles torcidos llegamos a la joya preciosa: Palacio de la Alvorada. El amanecer de un nuevo Brasil, dijo JK2. Las columnas inspiradas en las redes de los balcones coloniales. Columnas modernas, griegas. Admiración universal. Sobrevolamos el Lago Paranoá. Nuestro aire acondicionado. El lago enmarca tu alma, ciudad trazada en el aire. Barquitos, garzas, cormoranes, anhingas. Capilla Ermida Dom Bosco, profético punto blanco sobre el paralelo 15. Centinela de la paz. Puente JK. Blanco. Solar. Hermoso. Armonioso. Del lago para sus nacientes. Catetinho. Comienzo de todo. Palacio de Taboas, primera obra al lado de la “matinha”. Agua de beber.

Memorial JKVolvemos al Plano Piloto (Plan Piloto) pasando sobre la Cidade Livre (ciudad libre), hoy Núcleo Bandeirante, donde comenzó la saga interminable. Candangolândia. Zoológico. Asa Sul (Ala Sur). Llegamos al Templo de la Boa Vontade. Parlamundi. Mandala. El camino se hace al caminar. Un salto refrescante en las piscinas de “Água Mineral”, obligatorias. Más superquadras (supercuadras). Más es-pacios colectivos, jardines. El genio brasileño revelado. Lucio Costa inventó los pilotes. Bloques. Bloques. Bloques. Ubicados en filas a lo largo de una línea ima-ginaria, el eje. La pequeña Iglesia Nossa Senhora de Fátima. El club, el cine, la escuela-parque. Unidade de Vizinhança. La ciudad late bajo los árboles. Parque de la Ciudad. Corre y se ejercita. Bicicletas, niños y patines. Verde, todo muy verde. Azul, todo muy azul. Cielo y mar. Memorial JK. Al fundador. JK sonríe para la ciudad, haciendo seña. JK, nuestro mito y héroe. A la vuelta. Prepararse para el aterrizaje. La ciudad se acopla a sí misma. Sean bienvenidos, pasajeros de la osadia.

Notas al pie

[1] Amplia ecorregión de sabana tropical de Brasil.
[2] Juscelino Kubistchek, quien fue presidente de Brasil entre 1956 y 1961, más conocido por haber construido la nueva capital, Brasilia.