Cuiabá

Joca Reiners Terron

Convidar desconocidos a nuestra ciudad natal es casi una invitación a un lugar extinto. Para que sea posible, pues, ese viaje ideal al pasado debería comprender turísmos extraviados a tierra mojada debajo de la sombra de los mangos inmensos que solo existen en la infancia o entonces pies descalzos enterrados en la arena blanca de las margenes de ríos que no existen más. Al principio de esas mañanas de ayer, sentir el vapor desprendido por las aguas más calientes que el aire es la única forma de interrumpir el flujo del río y de congelar el tiempo. Y de repente oir de nuevo la voz gruesa del capitán del barco deseando la bienvenida al Puerto de Cuiabá.

Céu do PantanalNo debe existir cielo más amplio que el cielo que está encima del Planalto Central. Eso puede hacer creer que el resto del paisaje, cerca del treinta por ciento de aquello que está delante de los ojos de los incrédulos, no le haga frente. Pero es una falsa impresión. No porque si Cuiabá es conocida como Ciudad Verde: una vastedad de mangos y de palmeras de las más variadas especies cubre la ciudad, y las raíces de los árboles se liberan del asfalto, invadiendo el tránsito. Por aquí, lo concreto urbano nunca olvidará aquello que lo antecedió, pues la naturaleza siempre recordará de traer sus frutos de “pequis y bocaiúvas”. En Cuiabá el cerrado1golpea la puerta, y esto no es una exageración, gracias a la abun-dancia de parques como el Mãe Bonifácia, Massairo Okamura y Zé Boloflô, además del Horto Floretal.

Cuiabá, como el caserío del centro histórico sugiere, no es ninguna novedad: ha sido fundada en 1719 en medio de la fiebre de oro de los bandeirantes2 paulistas. Verde y dorado deberían estar en sus insígnas, pero no están: lo que impera en esta capital caliente es mismo el rubro de la temperatura y de la simpatía en contraste al azul del cielo de Mato Grosso. El río Cuiabá del cual deriba su nombre y cuyo lecho fue vía de su descubrimiento, es también uno de sus mayores atractivos. Volcada para ese afluente del río Paraguay y atravesada por otros dieciséis ríos, la ciudad sabe aprovechar el hecho de estar en la división de aguas entre las cuencas Amazonicas y Platina para combatir el calor. Playas fluviales y restaurantes a la orilla del río, como en la antigua villa de pescadores de Passagem de la Conceição, son lugares ideales para entender el origen del sobrenombre exibido por el ciudadano cuiabano: papa-peixe (hábito de comer pescado).

Chapada de los Guimarães, una meseta exuberante cuyas cascadas cercadas de matorrales verdes realizan la glória de los viajantes.

Las ventrechas de pacu, un corte típico de la región, son argumentos más que suficientes para comprender tal preferencia. Basta servirlas junto a un plato de mojica de pintado3 con mandioca, las tortas de arroz y banana de la terra frita y recubierta de canela y de azúcar y listo: entramos de una vez al terreno fértil de la infancia, un lugar mágico nuevamente alcanzado solamente a través de la gastronómia. Es en ese paraíso perdido que se encuentran todas las abuelas diligentes y sus secretos de cocina, solo a la espera de sus nietos golosos en un delicioso y blanquecino cielo de azúcar.

Parque Mãe BonifáciaNo muy lejos de Cuiabá están dos joyas del centro oeste de Brasil. A poco de cuarenta Kilómetros se levanta la Chapada de los Guimarães, una meseta exuberante cuyas cascadas cercadas de matorrales verdes realizan la glória de los viajantes. Fue allí, delante de la cascada Véu de Noiva, que mi madre posó para un fotógrafo exactamente un año antes de mi nacimiento, pero esto no llega a ser un privilégio: todas las novias de la región hacen la misma foto. Solo cambia el novio y la novia, evidentemente. Y a cien Kilómetros al sur está el Pantanal “mato-grossense”, ecosistema muy variado y único en el planeta, con su fauna variada y de una paleta tan colorida que ni el mismo Matisse tendría la osadía de rivalizarla.

Centro geodésico de América del Sur, cercada por el cerrado, por el matorral amazónico, y por el Pantanal, la capital mato-grossense se encuentra también en un punto equidistante entre los océanos Atlántico y Pacífico. Tal vez por eso su clima único y la cantidad de iglesias de todas las religiones: solo en las 13 hectáreas cubiertas por el centro histórico son nueve de ellas. Igualmente la ciudad posee la única mesquita del estado y el mayor templo evangélico del continente. Cuiabá es, por lo tanto, un privilegiado lugar espiritual que podrá abrigar la fe de fanáticos del mundo entero. A esta calurosa ciudad brasileña nunca le faltará la belleza. He aquí el inicio del viaje, el silbato del barco comenzó a silbar en el Puerto de Cuiabá!

Notas al pie

[1] Amplia ecorregión de sabana tropical de Brasil.
[2] Exploradores en nombre de la corona en busca de esclavos y riqueza dentro del Brasil.
[3] Caldo de pescado espesado con harina de pescado.

Galeria