Curitiba

Mi nuestra curitiba

Alice Ruiz

Algunos poetas, romancistas y cronistas escriben, con la mayor facilidad, libros enteros sobre sus ciudades.

Centro Histórico

A pesar de haber vivido dos veces en Rio de Janeiro y tres en São Paulo, la mayor parte de mi vida, hasta aquí, ha sido en Curitiba, ciudad donde nací.

Y la ciudad madre concentra muchas ciudades en sí misma.

La real, que se transforma con el pasar del tiempo.

La imaginaria, idealizada, y la emocional, que se transforma de acuerdo con los recuerdos que nos sorprenden. Esta es como si fuese sorprendida por nosotros mismos. Y por nuestra historia.

Yo, hasta ahora, he escrito apenas dos letras de canción para Curitiba.

Una fotográfica y otra para la plaza Espanha, porque corresponde a mi mitad materna.

Y algunos haikais que podrían servir para cualquier ciudad.

Cuando me invitaron, hace un tiempo atrás, para escribir una prosa sobre Curitiba, he escrito acerca de la imposibilidad (o inconveniencia) de escribir acerca de nuestra propia ciudad. Desafío que enfrento ahora, intentando, en vano, ser impersonal.

Para mí, no es fácil. Es como si tuviese que tirar de las vísceras.

Y allí, bien visceralmente, encuentro mi Curitiba de la infancia. Ella parece gris.”

Y allí, bien visceralmente, encuentro mi Curitiba de la infancia. Ella parece gris.

Como el río que corría cortando la ciudad, el Belém, y que hoy solo existe en la memoria de algunos, porque ha sido cubierto por cemento. Se mantuvo una parte de él, que encanta el Passeio Público, por donde yo pasaba para ir a la escuela “quebrando el hielo” al pisar las capas de escarcha que cubrían las veredas, muy temprano por la mañana.

Recuerdo mis pies sobre el piso todo blanco, las piernas expuestas, moradas del frio, con calcetines cortos y falda también corta, obligatoriedad del uniforme escolar.

Extraña crueldad que los conservadores locales tenían con los niños.

Pero miro para arriba y veo el cielo totalmente azul, absolutamente sin nuves, el sol demasiado débil y viento fuerte.

Jardim BotânicoEse frío parecía repercutir en la forma de ser de la ciudad. Un poco cerrada y seria.

Muchas cosas han cambiado, aunque se quiebre la escar-cha con los pies y ella continúe limpia y organizada donde, aparentemente, nada se encuentra fuera de orden.

Pero había, y aún hay, un momento en que la ciudad se cubre de oro.

Es cuando los ipês floresen. Y los curitibanos aplauden, no solo por la belleza, mas porque se cree que, cuando eso ocurre, no va a ver mas heladas.

Es cuando los ipês floresen. Y los curitibanos aplauden, no solo por la belleza, mas porque se cree que, cuando eso ocurre, no va a ver mas heladas.”

Mi recuerdo ya no es gris, comienza a ganar color.

Curitiba todavía tiene un atardecer lila, el color del Simbolismo, movimiento cultural en que la ciudad se destacó, en parte porque, en los tiempos de la inmigración, muchos alemanes escogieron esa ciudad y trajeron sus máquinas, una avanzada tecnología de impresoras, para la época.

Dice la leyenda que, entre las treinta revistas literarias que eran publicadas en todo Brasil, veintitres eran de Curitiba. Pero puede ser exagerado.

Otro motivo para ese boom literario es la proximidad de los puertos de Paranaguá y Antonina.

La información venía fresquita de Europa, especialmen-te de Francia, exponente del Simbolismo. Llegaba en barco y subía, en tren, la Serra de la Graciosa, uno de los paseos más bellos de la región, satisfaciendo el apetite cultural curitibano, mucho antes de llegar a otras capitales.

Aunque algunos de esos libros y revistas se quedaban allí mismo, como los escritores del litoral.

Esas dos ciudades sumadas a Morretes, que se encuentra entre ellas, produjeron varios poetas impor-tantes de ese movimiento. Su arquitectura ha sido tan bien preservada que siempre que las visito, tengo la impresión de estar oyendo los pasos de ellos en el mismo piso que un día ellos pisaron.

Pero es en Curitiba donde se encuentra el mayor mo-numento a ese período. El templo Neo Pitagórico, tam-bién conocido como el Templo de las Musas. Allí, los poetas de la capital y ciudades vecinas se reunían para intercambiar ideas y leer sus obras. Usaban túnicas griegas, en esos encuentros, y se colocaban nombres de pensadores y poetas griegos, escogidos por el grupo que era liderado por el fundador del templo y su anfitrión, Dario Veloso, o mejor, Apolônio de Tiana.

Ópera de AramePero Curitiba es, principalmente, verde. Sus parques son sus playas. Inclusive algunos, muy originales, porque fueron creados entorno de pedreras desactivadas. Como la que ostenta la Ópera de Arame (Ópera de Alambre), o a la Universidade Livre do Meio Ambiente (Universidad Libre del Medio Ambiente).

Aún en el invierno, cuando el sol aparece, los parques están llenos de personas, como si fuesen bañistas acostados en la arena. A pesar de haber muchos parques, podemos conocer todos en un solo día. Es solamente salir temprano y coger la “jardineira”, una especie de ómnibus turístico.

Bastante diferente del Ligeirinho, otra novedad local, que podríamos llamarlo de un metro de superficie y atraviesa la ciudad como si ella estuviese en Europa. Impresión que es confirmada por algunos monumentos inspirados en la arquitectura europea, como es el Jardim Botânico (Jardín Botánico), entre otros.

Y, por supuesto, por el rigor del invierno.

Pero también por su diversidad étnica, probablemente su principal característica.

No tenemos un plato típico curitibano, pero tenemos platos típicos de Polonia, Alemania, turquía, Japón, Italia etc.”

No tenemos un plato típico curitibano, pero tenemos platos típicos de Polonia, Alemania, turquía, Japón, Italia etc.

Tenemos un barrio entero volcado a la culinaria y a otras tradiciones italianas: Santa Felicidade, en donde es costumbre la fiesta de la uva y todavía podemos ver los carros llenos de verduras, recién recogidas, dirigiendose para las mesas de sus habitantes y res-taurantes del barrio.

Ha habido un intento de inventar algún plato teniendo como base el piñón. “Curi” significa piñón y “tiba” mucho, en tupi guarani.

Tal vez se vuelva típico, si le diésemos tiempo al tiempo.

Ya hemos tenido más piñeros, pero los que restaron son cuidados como reliquias, para hacer justicia al nombre de la ciudad y a uno de los más destacados equipos del fútbol local.

Mientas que en la mayor parte de Brasil hay un rico folklore, principalmente mixto por las raíces índigenas, africanas y portuguesas, Curitiba conserva la tradición de las diferentes etnias que la constituyen. Danzas, música, acentos, trajes típicos, rasgos culturales, hábitos y folklores que fueron preservados por los inmigrantes que llegaron aquí y se esforzaron para mantener sus origenes, sus referencias.

Portal do polo gastronômico Santa FelicidadeY que hoy están consolidados en portales, parques o plazas, dedicados a sus etnias.

O en algunas casas que guardan aún rasgos de esa historia que formó la ciudad en donde todavía se habla como se escribe (porque la lengua madre era otra y esa fue aprendida en los libros) y es en los apellidos donde se refleja el mestizaje.

Sabemos que ese mestizaje se ha dado a los pocos. Al inicio del siglo pasado, lo que se veía eran grupos cerrados tentando sobrevivir paralelamente con los otros grupos étnicos.

Pero las paralelas acabaron encontrandose.

Especialmente cuando, en el comienzo de la década del 70, de la noche para el día, la menor avenida del mundo (es lo que dicen con orgullo) Luiz Xavier, se convirtió en una sola acera, cerrada para los carros.

Más aún, la acera se extendía además, por una parte de la calle XV.

Ahora es el Brasil que quiere venir para Curitiba.”

Y el centro de la ciudad se transformó en un espacio para andar más tranquilo, donde se puede parar para conversar, ver vidrieras.

Es muy probable que haya sido en ese momento que Curitiba, de una vez por todas, comenzó a “quebrar el hielo”. Continúan existiendo las heladas pero no entre las personas.

Es como que si al cerrarse las calles para los carros se hubiese abierto el corazón  de las personas.

Personas que vinieron de lejos, y aprendieron a convivir con la diversidad, a respetar la alteridad y fundaron la ciudad que hoy, por sus atractivos, cada vez más recibe nuevos habitantes, pero no de tan lejos, como fue en el pasado.

Ahora es el Brasil que quiere venir para Curitiba.

Una de las ciudades mas coloridas y la menos tropical de los trópicos.